La desalación, también llamada desalinización, puede llegar a ser fundamental en la obtención de recursos hídricos, especialmente en aquellos lugares donde la obtención de agua potable puede llegar a ser un problema.
La desalación es un proceso por el cual se separan las sales del agua, permitiendo obtener agua potable a partir de agua con una elevada salinidad. El procedimiento más común es la ósmosis inversa, que consiste en que, gracias a un aumento de presión, se consigue hacer pasar el agua de mar por una membrana semipermeable, quedando retenida en ella las sales y obteniendo agua dulce.

En España, las primeras plantas desaladoras se construyeron a finales de los 60 en las Islas Canarias, y hoy en día están en funcionamiento unas 90 de las más de 700 plantas construidas en nuestro territorio, repartidas principalmente por la costa mediterránea, los dos archipiélagos y Ceuta y Melilla. Sin embargo, a pesar de que puede parecer una solución perfecta para obtener agua allí donde se necesite, no hay que dejar a un lado los graves problemas ambientales que implica el proceso de la desalación.
En primer lugar, no se puede obviar el brutal impacto ambiental y paisajístico que supone para el litoral la propia construcción de una industria de semejantes dimensiones, así como las infraestructuras que conlleva, carreteras, tendidos eléctricos, canalizaciones, etc. Sin embargo, el mayor problema ambiental que presentan estas instalaciones es el vertido de las aguas residuales resultantes del proceso de desalación, ya que además de obtener el agua potable objetivo del proceso, se obtiene un agua residual conocida como salmuera. Dichas salmueras residuales contienen un contenido en sales muchísimo mayor que el del agua de mar, además de una temperatura más elevada, diferente pH, alcalinidad, etc. por lo que su vertido de vuelta al medio marino puede causar graves impactos.
En principio, aquellos organismos marinos que presentan movilidad no se verían demasiado afectados por el vertido de salmueras, pues podrían escapar de las condiciones desfavorables. Sin embargo, la flora y la fauna bentónica, con escasa o nula capacidad de movimiento, serían las comunidades más afectadas por estos vertidos, siendo especialmente preocupante el caso de la Posidonia oceanica, una planta marina endémica del mediterráneo, es decir que no se encuentra en ningún otro lugar del mundo, que tolera muy mal los cambios de salinidad.
Por lo tanto, no se puede tomar la desalación como la solución para cualquier problema de obtención de agua potable, pues presenta unos impactos ambientales en el ecosistema receptor del vertido, que pueden ser irreversibles, por lo que cada caso deberá ser cuidadosamente estudiado.
Foto de Aguas Ter Llobregat
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