Ecología para ricos y para pobres

Ecologia, igualdad y economiaParecen existir en las sociedades contemporáneas dos tipos de preocupaciones ecológicas: aquellas que tienen que ver con la supervivencia misma, y que lógicamente involucran a los sectores más pobres del planeta, y otras que se relacionan con un comportamiento más saludable del hombre con respecto al medio ambiente y tienen que ver con un mejoramiento en la calidad de vida. En este caso, son acciones realizadas por grupos sociales con un interesante nivel adquisitivo. ¿Pueden convivir ambas realidades?.

Una creencia bastante extendida a nivel mundial indica que la ecología es un problema del que solamente deben ocuparse aquellas sociedades sin inconvenientes económicos, y que superados esos dilemas básicos sí es posible pensar en una relación más armónica con el planeta. Como sucede con cualquier reduccionismo o preconcepto, parte de una idea errónea.

En países menos desarrollados

En los países más pobres del mundo existen sobrados ejemplos de preocupación ecológica, sucede que lógicamente las motivaciones son diferentes. En estos sitios, las luchas se circunscriben a un mayor acceso a los distintos recursos naturales, a la posibilidad de contar con un mejor tratamiento de residuos o, sencillamente, a dejar de sufrir contaminación ambiental por industrias insalubres ubicadas en zonas pobladas.

Como contrapartida, los países más ricos del mundo apuntan hacia otros objetivos ecológicos. Disminución de la incidencia de energías fósiles y reemplazo por fuentes alternativas, alimentación ecológica, incremento de técnicas de separación de residuos o educación ambiental son algunas de las acciones que suelen encararse en el marco de sociedades con menores urgencias en cuanto a temáticas económicas.

Dos realidades contrapuestas

Este doble manejo o concepción de la ecología, de acuerdo a las potencialidades y recursos de cada zona del globo, ha creado al mismo tiempo peligrosos contrastes y profundas contradicciones que no pueden soslayarse. Es que son los países más ricos del mundo los que marcan, por ejemplo, el ritmo de explotación de los recursos naturales en las naciones más pobres, mientras éstas últimas no tienen acceso a los recursos que les pertenecen.

De esta manera, buena parte de los problemas de degradación ambiental en los países emergentes están directamente relacionados con el grado de explotación de los recursos naturales desde las naciones centrales. Se trata de una situación cuanto menos contradictoria y que demuestra que el mundo vive inmerso en graves asimetrías sociales, económicas, culturales y ecológicas… Esta realidad nace a partir de un ritmo desmedido de explotación adoptado por los países más ricos del globo. Lógicamente, las consecuencias negativas se observan en principio en las naciones en vías de desarrollo.

Foto de drz image en Flickr

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