Vivir con impacto cero

En demasiadas ocasiones nos ponemos excusas a nosotros mismos sobre ciertas conductas de nuestra vida cotidiana no demasiado respetuosas con nuestro planeta. Nos escudamos en que nuestro trabajo no nos lo permite o que viviendo en una ciudad no podemos renunciar a cosas como ir en coche. Otras veces preferimos comprar un objeto nuevo en lugar de reparar el que ya tenemos argumentando que nos sale mucho más económico reemplazarlo.

Sin embargo, hay experiencias que demuestran que, si ponemos un poco de voluntad, podemos reducir significativamente nuestra huella de carbono y el impacto ambiental de nuestras rutinas.

Vivir con impacto cero

Como ejemplo. Podemos tomar el experimento que durante un año llevo a cabo Colin Beavan. Este ciudadano de Nueva York, cansado de que ni los gobiernos ni las grandes corporaciones hicieran nada para luchar contra el deterioro de nuestro planeta, decidió en 2007 que é y su familia iban a hacer todo lo posible para que su existencia no tuviera ningún impacto ambiental.

Para conseguir que sus acciones cotidianas no repercutieran en el equilibrio de la Tierra, debían reducir a la mínima expresión tanto los residuos generados como las emisiones de CO2 derivadas de pequeños actos del día a día.

Durante el experimento de un año de duración no debían emplear ningún medio de transporte que no estuviera propulsado por ellos mismos. No sólo dejaron de utilizar coches, taxis o metro si no que debían de renunciar al ascensor y elegir las escaleras en su lugar. Por supuesto, no compraban nada que viniera ya envasado, ni los productos de limpieza habituales y no consumían ningún alimento que se hubiera producido a más de 400 km de distancia (algo que en una ciudad como Nueva York resulta verdaderamente difícil)

Todas las vivencias durante ese tiempo quedaron recogidas, además de en su blog, en un documental y un libro que se estrenaron hace ahora 3 años. Es cierto que el experimento demuestra que en la sociedad actual no se puede eliminar por completo nuestro impacto en el planeta sin renunciar a ciertas comodidades básicas para muchos. Sin embargo, nos puede hacer reflexionar en que en realidad, si cambiamos algunas de nuestras costumbres cotidianas, nuestra vida puede ser menos perjudicial para el medio ambiente.

Y tú, ¿en qué puedes contribuir?

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