Agua, azúcar e incluso queso ¿Los carburantes del futuro?

Con la dependencia del petróleo convertida ya en uno de los mayores lastres no sólo para el planeta sino también para nuestra economía, comienzan a proliferar decenas de iniciativas que aspiran a convertirse en nuestros carburantes del futuro y, algunas de ellas, de lo más curioso.

Agua, azúcar e incluso queso ¿Los carburantes del futuro?

La revista Nature publica esta misma semana los resultados de una investigación desarrollada en la Universidad de California, donde han conseguido elaborar etanol a partir de la fermentación de azúcar. El proceso, que se basa en un tipo de fermentación elaborada hace más de un siglo por el científico israelí Chaim Weizzman, resulta especialmente interesante por la drástica reducción de emisiones contaminantes que supone. Aunque, de momento, resulta bastante más costoso que la producción de diesel o gasolina, sus creadores consideran que podría llegar al mercado dentro de 5 o 10 años con unos precios similares a los de los carburantes habituales.

Otra apuesta curiosa en el sector de los carburantes la encontramos en el queso. El pasado mes de septiembre Michael R. Morgan, bioquímico investigador de la Universidad de Utah, consiguió batir su propio récord de velocidad (105 kilómetros por hora) con un vehículo movido por biodiesel procedentes de los restos de la producción industrial de queso. Aunque la marca todavía se sitúa lejos de las velocidades alcanzadas por un vehículo tradicional, la Universidad ya ha anunciado que continuará investigando este tipo de combustible para conseguir que, algún día, pueda salir al mercado.

También el agua comienza a consolidarse como uno de los posibles sustitutos del petróleo. Con un gasto anual superior a los dos billones de toneladas de combustible, la propia marina de Estados Unidos estudia en la actualidad cómo convertir en carburante el agua del mar, mientras que la empresa británica Air Fuel Synthesis ha conseguido elaborar cinco litros de combustible a partir de la mezcla de dióxido de carbono del aire y el hidrógeno procedente del vapor de agua.

Ejemplos todos de que hay vida más allá del petróleo pero, sobre todo, de que la investigación en nuevos carburantes puede resultar no sólo más sostenible, sino también más rentable.

Foto de JaulaDeArdilla

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