¿Se discriminan especies a la hora de la conservación?

Lince Ibérico

Un reclamo de biólogos de la Universidad Internacional de Andalucía en Baeza, España, pone en consideración una cuestión que se ha discutido anteriormente en distintos estamentos relacionados con la ecología: ¿hay especies que necesitan conservarse o recuperarse y quedan discriminadas frente a otras, ya sea por razones económicas o turísticas?.

El análisis que hacen los científicos se relaciona directamente con la situación del Parque Natural de Doñana: allí el 80% de los recursos económicos destinados a la protección y conservación de especies se conducen al trabajo con seis variedades, en todos los casos mamíferos y aves, como por el ejemplo el lince ibérico o la cigüeña negra.

Sin embargo, las especies cuentan con un preocupante porcentaje de pérdida anual, que llega al 20%. De esta manera, los fondos no alcanzan para detener la fuerte caída de las poblaciones. Por otro lado, otras especies que también necesitan ser protegidas quedan de esta manera fuera de los presupuestos, por lo que peligra su supervivencia.

Errores de apreciación

Según los especialistas, sería erróneo invertir fuertes sumas en especies con elevados índices de pérdida de individuos, ya que se estarían gastando recursos que podrían destinarse a especies que, a pesar de no contar con tanto atractivo turístico y, por ende, económico, son más o igual de importantes para el equilibrio de los ecosistemas y aún pueden salvarse.

Es el caso de distintos invertebrados, plantas u hongos, que en el pensamiento común son vistas como variedades «inútiles» para el hombre. Muy por el contrario, se trata de especies que también cumplen un papel importante en el mantenimiento de la diversidad en cada ecosistema.

La naturaleza como mercancía

Se estaría produciendo en consecuencia una «mercantilización» de la naturaleza, tomando solamente algunas especies como dignas de protección y condenando a otras al olvido. El concepto es salvar solamente aquellas variedades que traen un beneficio económico concreto, directo e inmediato, cuando en realidad otras especies son más necesarias para mantener el equilibrio ambiental.

Como la sociedad se encuentra fuertemente influenciada por un pensamiento reduccionista que solamente deja ver como dignas de esfuerzos de conservación a determinadas especies, ya sea por su carácter más “simpático” o porque son portadoras de valores tradicionales fuertemente arraigados en la sociedad, los mismos científicos y las administraciones discriminan a algunas variedades. Al tener en cuenta esta percepción social sobre estas especies infravaloradas, las dotaciones económicas van siempre dirigidas hacia otras variedades. De esta manera, y aunque sea difícil admitirlo, muchas especies que no aportan recursos directos pero que tienen un valor más importante desde el punto de vista del control ecológico continúan desapareciendo de la faz de la tierra.

Foto: Programa de Conservación Ex-situ del Lince Ibérico www.lynxexsitu.es

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