Hablábamos hace unos días de las cosas que podemos hacer antes de convertir nuestros aparatos electrónicos en residuos. La cantidad de basura electrónica que se genera y no es tratada correctamente a través de los sistemas integrados de gestión (SIG) es muy grande. Son ideas muy recomendables encontrar otras personas que puedan dar uso a esos aparatos, llevarlos a las tiendas para que estas los recompren o, como ya dijimos, alargar la vida útil de nuestros aparatos electrónicos.

Mencionábamos que a la gente no le importaba sustituir un televisor por otro pero sí una lavadora. A pesar de que hoy en día los precios de estos aparatos suelen estar a la par, es cierto que cuando se estropea el primero solemos optar por cambiarlo y, cuando sucede lo mismo con el segundo, llamamos al técnico para que lo repare.
Hoy en día podemos reparar nosotros mismos una gran cantidad de aparatos gracias a los tutoriales que los usuarios van dejando en la Red. También empieza a haber portales especializados como iFixit en los que podemos obtener guías o incluso las piezas para reparar todo aquello que se nos ocurra.
La industria de la electrónica de consumo juega también un papel importante en esta ecuación. Actualmente las marcas no facilitan mucho el trabajo de los «manitas» caseros a la hora de poder reparar ciertos objetos. Muchas veces se requieren herramientas especiales para abrirlos y no siempre se tienen los esquemas electrónicos del producto.
Pero sin duda lo más importante y más necesario para el medio ambiente es que los fabricantes diseñen aparatos que duren y que no fallen al poco de haberlos adquirido. De esta manera podremos luchar también contra la obsolescencia programada y no caer en el error de estar comprando siempre aparatos que hacen exactamente lo mismo que los anteriores pero con un diseño más «molón».
Foto de Javier Ignacio Acuña Ditzel
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