Un consumo responsable, vital para detener la crisis ambiental global

El pasado 20 de junio se desarrolló la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible en Río de Janeiro (Río+20), siendo una de las últimas posibilidades para que los gobiernos tomaran las medidas necesarias para detener la crisis ambiental global, antes que la misma se torne irreversible. Uno de los principales puntos a discutir fué el cambio en los patrones actuales de consumo y el tipo de desarrollo a privilegiar.

Para poder revertir la declinación de las condiciones ambientales del planeta se requiere con urgencia un cambio social que propicie un consumo responsable de los recursos, en el marco de modelos de desarrollo que apunten a la sostenibilidad y no al crecimiento infinito de las necesidades. Esto insume, por un lado, que los países desarrollados disminuyan su huella ecológica y que los países en vías de desarrollo apuesten por un modelo de crecimiento respetuoso con el medio ambiente.

No es posible cargar las tintas sobre los países más pobres del planeta, indicando que llevan adelante procesos de crecimiento poco ecológicos, sin antes advertir que las clases medias y acomodadas de las naciones desarrolladas mantienen un nivel de consumo de recursos ya no excesivo, sino directamente inconcebible. Precisamente allí está la causa principal de los graves problemas ambientales que afectan al planeta.

Resulta imposible alcanzar la equidad social en un mundo de recursos limitados sin que previamente se produzcan drásticas variaciones en el estilo de vida de los sectores con mayor nivel adquisitivo en el planeta. Mientras en las comunidades andinas latinoamericanas la contaminación se genera por el uso de combustibles fósiles para cocinar, en los suntuosos hoteles de lujo desperdigados por todo el mundo se reproduce y multiplica la cultura del consumo excesivo, absolutamente alejada de un mínimo sentido común y de solidaridad.

Por un cambio profundo

En consecuencia, Río+20 consideró el análisis sobre este tipo de desarrollo, totalmente alejado de la armonía ambiental y social que permitiría un crecimiento sostenible y equitativo. Las cifras eran contundentes: el 20% más rico de la población mundial consume el 80% de los recursos del planeta, mientras que se sobrepasa actualmente en un 50% el límite de uso de los recursos naturales de la Tierra de acuerdo a una gestión sostenible de los mismos.

En el hogar, y más allá de nuestra situación económica, podemos contribuir con este cambio imprescindible, reduciendo al mínimo posible el consumo de energía, apostando por el reciclaje y disminuyendo nuestro consumo en general.

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