El interés por el chocolate ecológico nos lleva al año 1999, cuando ya en Tanzania surgía un proyecto para producir cacao ecológico al disfrute de todo el mundo. La idea era la siguiente: ofrecer a los agricultores salarios dignos, conseguir cacao de una calidad superior y garantizar a los agricultores adoptar un estilo de vida más favorable. Todo esto nos ofrece nada más que ventajas, y aún queda otra: el dulce sabor a chocolate, y saborearlo mientras se es consciente de que al comprarlo se ha pagado por un mundo mejor.

Chocolate ecológico, en familia
Sostenible y responsable. Así podemos caracterizar el proceso de producción del chocolate ecológico. Incluso, el chocolate concienciado y sostenible une a los seres queridos, pues una empresa familiar en Moraleja del Vino, un pueblo situado cerca de Zamora, ha apostado por las materias primas naturales para garantizar el mejor chocolate, y lo hace bajo el nombre de ‘Tierra Dulce’.
Además, parece que este producto es ideal en el mercado, pues la familia optó por esta idea al percatarse de que se trataba de un alimento en absoluto saturado en el mercado.
Una fábrica ecológica con un secreto: el cacao
El chocolate ecológico está de moda. Lo sabe Bélgica, que tiene a tan sólo 80 kilómetros de Bruselas la primera fábrica de chocolate ecológico. En ella se trabaja exclusivamente con el respeto hacia el medio ambiente, y con el interés por un comercio justo.
Bombones con sabor a pistacho, almendras de Murcia, coco de Sri Lanka, avellanas de Turquía y, el caramelo, producido con azúcar de caña de Paraguay. Todos sabemos que el secreto detrás de un dulce tan rico como el chocolate está en el cacao, y en esta fábrica lo obtienen del cultivo orgánico de República Dominicana, Ecuador y Perú. Una mezcla de lo más internacional, y justa con el planeta.
Foto de John Loo
Deja una respuesta