Prestige, diez años después del desastre

Noviembre de 2002. Es el fatídico mes de uno de los mayores desastres ambientales que ha sufrido nuestro país. Miles de toneladas de petróleo contaminaron las azules aguas de Finesterre, Coruña, convirtiendo la ‘Costa da Morte’ en una marea negra. El buque ‘Prestige’ contaminó con chapapote más de 2.500 kilómetros de costa gallega, una de las más salvajes y mejor conservadas de Europa.

Miles de personas se movilizaron desde todos los rincones de España para echar una mano en una de las mayores acciones de voluntariado ambiental vividas en la historia de nuestro país. Las lágrimas de angustia ante el desastre ecológico se mezclaron con las de gratitud y emoción ante semejante movilización humana altruista y con las de desesperación al comprobar cómo litros de petróleo regresaban una y otra vez a las orillas de las playas, manchando lo que ya había sido limpiado.

Prestige, diez años después del desastre

El desastre ecológico fue de enormes dimensiones en todos los sentidos. Todos los ecosistemas marinos fueron dañados y permanecieron en ese estado al menos dos años, especialmente el costero intermareal. Quién no recuerda imágenes de aves y peces ‘tocadas’ por el chapapote, que como un veneno negro iba matando a todo aquel ser vivo con el que se cruzaba en el camino. El daño fue más allá, afectando a la reproducción de cientos de especies. Sin embargo, el esfuerzo dedicado durante semanas y meses a limpiar el vertido ayudó a reducir los daños a largo plazo como ha ocurrido con otros desastres similares. Hoy, diez años después, se puede afirmar que los ecosistemas marinos se han recuperado en un 99%. Lo que todavía no se sabe es qué efecto tendrá el desastre del Prestige para la salud de las personas que estuvieron expuestas a él.

A raíz del desastre medioambiental, económico y social que supuso el accidente (agravado por el error de alejar el buque, lo que extendió el petróleo por todo el Cantábrico) se tomaron algunas medidas positivas: a partir de entonces, se obligó a que los barcos que cruzasen aguas españolas tuviesen doble casco (el Prestige sólo contaba con uno), se crearon organismos de inspección marítima (con aumento del número de inspectores por puerto), se prepararon puertos-refugio y se establecieron listas negras para impedir la navegación por aguas comunitarias de determinadas embarcaciones entre otras cosas.

Foto de Capsula

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