¿Se puede aspirar a un consumo sostenible?

El gran dilema que nos plantea la situación ambiental actual es la elección de un sistema económico basado en un consumo sostenible de los recursos o el mantenimiento del esquema hoy en vigencia, en el cual llevamos adelante un consumo devastador que, indefectiblemente, desembocará tarde o temprano en su colapso. Sin embargo, las empresas, los gobiernos, la publicidad y los medios de comunicación siguen estimulando el consumo excesivo e insostenible ¿Puede pensarse en una alternativa real frente a ello?

La respuesta a este último interrogante es claramente positiva, y no por un afán optimista sino por un dato de la realidad: ese cambio depende únicamente del hombre, y éste aún dispone de su voluntad para variar el curso de la historia, como ya lo ha hecho en muchas ocasiones.

Sin embargo, si nos adentramos un poco más en los datos podremos apreciar que para avizorar ese cambio se necesita una profunda revisión del comportamiento humano. Según datos de la Unión Europea, cada persona desestima por año un promedio de 179 kilos de residuos de origen alimenticio, lo que sumaría un total de 89 millones de toneladas de basura de ese tipo en el continente europeo.

A pesar de esto, Europa posee 79 millones de personas bajo el nivel de la pobreza ¿Esto es lógico ante el nivel de residuos alimentarios? ¿O es una muestra clara del hiperconsumismo que marca una característica básica de la mayoría de las sociedades humanas a nivel mundial?

El engaño de la ausencia de alternativas

Vale aclarar, sin embargo, que la alternativa al consumismo exacerbado no es necesariamente un cambio abrupto en las condiciones de vida. Precisamente ese miedo a perder las comodidades básicas que nos ha legado el avance de la ciencia y la tecnología es empleado por el sistema capitalista concentrado para convencernos de la ausencia de opciones diferentes fuera de su supuesta protección.

Bombardeados por la publicidad y los medios de comunicación, adictos a las tarjetas de crédito y al endeudamiento eterno para tener los productos del momento (¿alguna vez nos preguntamos cuántos de ellos realmente necesitamos?), nos vemos envueltos en un círculo que aparentemente no tiene salida posible.

Incluso aquellos que siguen un camino diferente, aunque el mismo no implique cambios radicales, son muchas veces estigmatizados o señalados como “raros” por los medios, al estilo de lo que sucedía con las comunidades hippies en las décadas finales del siglo XX.

Una decisión de cada uno

Sin embargo, un consumo sostenible está al alcance de nuestras manos. Las sociedades que hoy están en crisis económica (en mayor o menor medida, toda la comunidad global) se han acostumbrado a un consumo irracional, completamente antiecológico: múltiples autos por familia, un aparato de televisión por cada habitación, una infinita cantidad de dispositivos eléctricos en la cocina (de los cuales muchos podrían obviarse), costosas fiestas en las fechas especiales y una larga lista de ejemplos…

Seguramente muchos pensarán que cada uno hace con su dinero lo que quiere, pero sin embargo la vida en sociedad supone una postura algo más responsable con el conjunto social y el bien común, como así también una mayor responsabilidad con el contexto natural del cual formamos parte.

Apostar a un consumo sostenible es defender al planeta, propiciar un desarrollo sostenible y colaborar (aunque sea humildemente y desde nuestro hogar) con un mundo con mayor equidad social.

Foto de wot nxt

Add A Comment