La industria del calzado y su impacto ambiental

Adquirir zapatos es una actividad habitual, y seguramente gran parte de los consumidores de estos artículos desconocen las implicancias para el medio ambiente que tiene su producción. La realidad es que la industria del calzado es una de las especialidades productivas con mayor impacto ambiental negativo, y vale la pena conocer algunos detalles de su actividad.

De acuerdo a un estudio de la OCU, la industria del calzado se encuentra directamente relacionada con prácticas altamente nocivas para el medio ambiente, la calidad de vida y la protección de los derechos humanos, como la deforestación, la contaminación, el maltrato animal y la explotación laboral.

Como sucede en cualquier aspecto de la realidad no es posible generalizar, pero muchas de las empresas dedicadas a la producción de calzado no se caracterizan precisamente por el respeto a las condiciones ecológicas o sociales. Esta política de escaso compromiso con la realidad del entorno tiene su inicio en Brasil.

Un tercio de la piel empleada para la fabricación de calzado proviene de ese país sudamericano. En Brasil existen grandes fincas donde se cría en ganado del cual se extrae la piel. Los terrenos empleados son generalmente producto de la deforestación del Amazonas, uno de los mayores peligros ambientales que acechan al planeta, considerando la importancia ambiental de esa zona.

Junto a este crimen ambiental, perpetrado contra un área de fuerte riqueza forestal y amplia biodiversidad, en los campos de producción los trabajadores abocados a las tareas diarias registran condiciones cercanas a la esclavitud. Esto se debe mayormente a las pésimas condiciones de seguridad, que desembocan en la muerte de muchos trabajadores por enfermedades infecciosas, picaduras de serpientes, accidentes laborales o incluso desnutrición.

Contaminación ambiental y trabajo insalubre

Tampoco hay contemplaciones para los animales, que viajan hacinados hacia su destino final y arriban en condiciones muy poco favorables. Por otro lado, las pieles obtenidas se tratan en mayor medida en la India, donde son curtidas empleando sustancias químicas y metales pesados que contaminan directamente el suelo y el agua del lugar. Los trabajadores tampoco gozan de buenas condiciones de seguridad, sufriendo intoxicaciones por el contacto con las sustancias contaminantes.

La fabricación de los zapatos se realiza posteriormente en China, Indonesia o Vietnam en la mayor parte de los casos, en locaciones en las cuales las condiciones de trabajo también son degradantes para el ser humano. Asimismo, un dato revelador es que el precio de producción de los zapatos no supera los cuatro euros, cuando luego al estar a la venta en Europa pueden llegar a valer varios cientos de euros.

De esta forma, a la hora de comprar un par de zapatos siempre habrá que pensar si efectivamente los necesitamos, y no realizar compras irresponsables que solamente estarán propiciando un mayor crecimiento de una industria poco solidaria desde el punto de vista ambiental y social.

Foto de  jmendicute

Pablo Piacente

Sobre Pablo Piacente

Soy profesional freelance, productor y emprendedor en cultura y comunicación. Además de mi tarea en el campo de la redacción web, la comunicación social y la gestión cultural, soy artista sonoro y poeta por vocación primaria. Me interesan los temas educativos y creo que no hay otra forma de entender el mundo de aquí a unas décadas que desde la sostenibilidad y la conciencia ecológica. Soy Técnico Universitario en Gestión Cultural y Periodista y un amante de la libertad y la creatividad.
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